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Despedida a un gigante inolvidable

Actualizado: ago 11

Un gigante de brazos acogedores que inspiraba calma, pero también que hacía de las suyas con ese humor especial e irónico que hizo caer a más de un incauto en bromas recordadas por muchos. Un conversador de temas variados, existenciales, profundos, pero también cercanos, de consejos en momentos difíciles que marcaron positivamente a quienes hoy le recuerdan.


Tanto que decir de Jorge Luis Amar Cruz. La noticia de su partida golpeó dolorosamente a los asistentes de la Asamblea Anual de Colegio, el sábado 26 de junio. La tarde anterior, su cuerpo ya cansado había cedido ante una enfermedad con la que luchaba desde hace unos años, pero que si bien minó sus energías, no venció a su temple ni a su espíritu, que se mantuvieron intactos.


“La última vez que nos vimos fue el año pasado, cuando aún podíamos salir. Él ya había pasado por algunas "quimios", pero si bien físicamente algo se notaba, en su forma de ser era el mismo de siempre, siempre igual, hasta los últimos días” recuerda Juan Carlos Rojas, compañero de curso y amigo desde hace 42 años.


Con Edmundo Fuentes conformaban una dupla perfecta a la hora de hacer bromas, ambos poseedores de un gran talento actoral eran artífices de momentos inolvidables, construyendo realidades en las que muchos creían sin darse cuenta de que habían caído en sus redes de humor. Pero, también eran contertulios de largas y profundas conversaciones que Edmundo recuerda con claridad y nostalgia.


Compartieron experiencias valiosas cuando estuvieron al frente del Colegio, con Edmundo como presidente y Jorge en el cargo de director. “Fue un directorio bien potente y especial porque nos correspondió materializar una acción que venían realizando directorios anteriores: el reconocimiento de nuestra profesión como una actividad de carácter pesado (mental), ya que hasta ese momento solo se habían reconocido como actividades pesadas a nivel físico”, recuerda este ex timonel del Colegio.


El deporte fue otro mundo que compartieron. Ambos pertenecieron a la Selección Aeronáutica del Norte. “Jorge era muy buen deportista- comenta Edmundo- jugó en el Club de San Luis como arquero y podría haber llegado a ser profesional, pero él optó por el Control de Tránsito Aéreo. Estuvo como arquero de reserva del San Luis. Hicimos también un equipo muy potente de voleibol, lo que nos llevó a representar a Aeronáutica en toda la zona norte. Iquique era el equipo campeón de voleibol en aquella época”.


“Jorge era grande, de mano ancha. Era una persona imponente, pero también albergaba un gran corazón. Tenía esas dos miradas, la de hombre grande y la de un niño en su forma de ser. Era muy cordial, muy afable, muy buen amigo, tremendamente leal. Fuimos muy hermanados. Teníamos mucha vida de familia. Formamos un tremendo equipo”, advierte.

Dejó de ver a Jorge cuando él, por la enfermedad, se ausentó a fines del 2019, pero mantuvieron una conexión a través de wasap para saber uno del otro.


“Siento no haber estado al lado él en el momento en que partía. Me hubiera gustado haberle dado la mano y haberle dicho “Jorge la pega está cumplida hiciste todo. Lo primero para ti fue tu familia siempre”, confiesa con emoción.


Cristián Zamorano recuerda con admiración y profundo cariño a Jorge Amar. La primera imagen que salta en su memoria es el examen de Inglés que este colega de su papá le tomó en la ETA y al que ingresó, reconoce, con temor porque era vox populi que Amar era un excelente dominador del idioma. Pero, lo pasó y bien, porque este examinador lo hizo sentir cómodo, en un ambiente cercano, con cariño y seguridad.


Pero, sin duda, las conversaciones que sostuvo con él en uno de los trances más difíciles de su vida están en el casillero de los recuerdos imborrables junto a Amar. Cristian estaba saliendo de una depresión tras un accidente que tuvo una larga recuperación.


“Tuvimos conversaciones muy profundas. Él también había pasado duros momentos. Recuerdo que le comenté que, después de lo que me había pasado, sentía que me había salido de una carretera a la que no podía volver, por mucho que tratara… me sentía fuera de todo. Él me miro y me dijo ‘nunca más vas a volver porque lo que te pasó fue por algo, para que generes un cambio en tu vida, del que solo tú tienes que darte cuenta’. Entonces, le pregunté de dónde sacaba tanta fuerza y nunca me olvidé de lo que me respondió: “sale de adentro, de lo más profundo de ti, busca, busca dentro de ti’… eso hizo un cambio”, nos cuenta Cristian, con un sentimiento que aflora junto al recuerdo.


Otra de las facetas de Jorge, recordada por sus amigos y colegas: era un deleite verlo disfrutar con la comida, con la buena mesa. Y qué decir de sus asados, de sus preparaciones culinarias como las pechugas de pollo adobadas o el arroz turco.


Como muchos, Mauricio Silva recuerda esos momentos compartidos con Jorge, así como las conversaciones, su tono mesurado, su carácter acogedor con todos, especialmente con los “nuevos” a quienes acompañaba, guiaba y aconsejaba.


Un controlador aéreo de excelencia como dicen sus compañeros, ordenado, puntual, pero por sobre todo un amigo leal, cercano, dispuesto a dar un consejo sincero cuando se necesitaba de él, conversador inigualable, compañero con un sentido del humor especial.

La pandemia que vivimos no hace posible despedida físicas, pero en espíritu todos quienes le conocieron, de distintas generaciones, se unieron en un sentido abrazo para despedir a este gigante de corazón de miel que inició su último viaje.


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